Liderazgo · Equipos

La IA enseña técnica. Las ganas, no.

Dicen que la IA hará prescindibles a las personas. Tras 16 años con gente a cargo creo lo contrario: la técnica se enseña; las ganas, no.

JS
Jonathan Sánchez Ramírez
Founder · DantukiSoft
26 de septiembre de 20266 min de lectura
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Se volvió casi un lugar común: con la IA, las empresas van a necesitar cada vez menos gente. Que un agente hace el trabajo de tres. Que para qué contratar, si ya hay una herramienta que programa, redacta y atiende clientes.

Llevo 16 años con personal a cargo. Empecé en soporte técnico y pronto pasé a liderar equipos de soporte y TI. Después me fui al retail a gerenciar tiendas y terminé como gerente regional de formación: mi trabajo era enseñarles a otros gerentes a gerenciar. Hoy dirijo un estudio de software.

Con ese recorrido, creo que es al revés. La IA está abaratando justo lo que antes costaba más enseñar: la técnica. Y cuando la técnica se vuelve abundante, lo escaso pasa a ser lo único que nadie te puede enseñar: las ganas.

Lo que se enseña y lo que no

Con los años aprendí a separar dos cosas. La capacidad técnica y la teoría se aprenden: con práctica, con un buen jefe, con tiempo. La actitud no. No porque la gente no pueda cambiar, sino porque ese cambio solo lo decide cada quien. Yo te puedo enseñar a vender, a programar o a usar un sistema. No te puedo instalar las ganas.

Por eso dejé de fijarme en dónde está alguien el día que llega y empecé a fijarme en hacia dónde se mueve. Una persona puede ir de 1 a 100 en el tiempo que a otra le toma ir de 1 a 2. Las dos están mejorando. A la segunda le cuesta más, y está bien: a todos nos cuesta algo. Mejora es mejora.

Jorge, el que nadie quería

Hace años fui gerente de tienda en una de las cadenas de retail más grandes del país. Ahí conocí a Jorge. Nadie lo quería en su equipo porque aprendía muy lento: le explicabas algo y a la semana había que explicárselo otra vez. Le di una oportunidad y, poco a poco, se fue formando.

Jorge nunca fue el más brillante del piso de ventas. Pero tenía algo que los demás no: constancia. Todas las semanas vendía. Mientras otros vendedores tenían una semana espectacular y la siguiente muy mala, Jorge vendía más o menos lo mismo semana tras semana. Al cierre de mes, su número estaba ahí, sin sorpresas. Terminó siendo uno de los vendedores más estables que tuve.

Jorge iba de 1 a 2. Pero nunca dejó de caminar.

El que no corté a tiempo

También viví el caso contrario. Tuve otro vendedor con muy mala actitud. No le faltaba capacidad; le faltaban ganas, y se notaba en cómo se paraba frente al trabajo y frente al equipo. Tardé en actuar. Pensé que era una racha, que se iba a acomodar, que una plática más iba a servir.

Mientras yo esperaba, contagió a otros dos vendedores. Al final no perdí a uno: perdí a tres. La mala actitud se contagia más rápido que la buena, y el costo de no actuar no lo paga solo quien la tiene. Lo paga el equipo que lo rodea.

Javier Martínez, un jefe que tuve, repetía una frase: “No hay malas empresas, hay malos jefes”. En esa historia, el vendedor tenía mala actitud, pero el mal jefe fui yo: cortarlo a tiempo era mi trabajo, no el suyo.

Cómo se ve la mala actitud

“Actitud” es una palabra peligrosa porque se presta a todo, y “me cae mal” no es mala actitud. Para no confundirla con antipatía, conviene aterrizarla en conductas que se pueden observar:

  • Repite el mismo error después de que se lo señalaste, sin intentar corregirlo.
  • Esconde lo que no sabe en lugar de preguntar, o pregunta sin haber intentado nada.
  • Cuando algo sale mal, la culpa siempre es de alguien más.
  • Hace lo mínimo, y le molesta que otro haga más.

Cuando lo ves, la regla que me dejó aquel vendedor es simple: habla claro una vez — qué esperas, en qué plazo y qué pasa si no cambia— y si no se mueve, corta rápido. En México, la Ley Federal del Trabajo contempla un periodo de prueba al inicio de la relación laboral: úsalo para observar las ganas, no solo para capacitar.

Reconocer también es parte del trabajo

La otra mitad de la lección es sobre los buenos: al que sí camina hay que reconocerlo, y pronto.

El reconocimiento hace crecer a la gente como ningún curso lo logra: le confirma que va por buen camino y le da confianza para tomar un reto más grande. Pero funciona solo cuando es específico. No “buen trabajo”, sino “la forma en que resolviste lo de ayer nos ahorró una semana”. Funciona cuando llega a tiempo, no en la evaluación de fin de año. Y no siempre es dinero: también es más responsabilidad, trato directo con un cliente o la oportunidad de elegir el siguiente proyecto.

Y aquí regresa Jorge. Si yo solo hubiera reconocido al vendedor de la semana espectacular, Jorge se habría ido. Hay que reconocer el avance, no solo el resultado, porque en un equipo obtienes más de lo que reconoces. Como escribí en No eres senior por los años, cuando lideras tu producto deja de ser tu trabajo y pasa a ser tu equipo.

Por qué con IA esto importa más, no menos

Hoy alguien con ganas y buenas herramientas de IA avanza en meses lo que antes tomaba años; lo conté en por qué la IA debe integrarse al flujo de trabajo. La IA acelera al que ya camina. Al que no quiere caminar no lo mueve: solo le ayuda a hacer lo mínimo más rápido, copiando sin entender.

La IA reemplaza tareas. A quien reemplaza de verdad es al que solo ejecutaba y no quiso aprender. Por eso, cuando contrato, la técnica me preocupa cada vez menos. Las ganas, cada vez más.

La letra chica

La frase de Javier también sirve al revés: antes de hablar de mala actitud, revisa lo que te toca a ti. A veces es falta de claridad, porque nadie le dijo qué se esperaba. A veces es el puesto equivocado, o un momento personal difícil. Por eso la conversación directa va primero; si después de eso no se mueve, entonces sí es actitud. Y cortar rápido no es cortar sin formas: se hace con respeto y como marca la ley.

Tampoco todos llegan al mismo 100, ni al mismo ritmo. Si un puesto necesita a alguien al 100 el mes que entra, quien avanza despacio quizá no es la persona para ese puesto en ese momento. Eso no es un problema de actitud, es de asignación. Lo que no se negocia es la dirección.

En resumen

La técnica se enseña, y con IA se aprende cada vez más rápido. Las ganas no. Ten paciencia con quien aprende lento, reconoce a quien avanza aunque sea de 1 a 2, y actúa pronto con quien no quiere caminar. Lo escaso ya no es saber hacer las cosas: es querer hacerlas mejor cada semana.


En DantukiSoft tenemos toda la paciencia del mundo para quien aprende lento, y casi ninguna para quien no quiere caminar. Si te identificas con eso y quieres formar parte del equipo, envía tu CV a talento@dantukisoft.com.

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Jonathan Sánchez Ramírez
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